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5.02. Palestina sometida al imperio seléucida

Los judíos habían cambiado de amos, y pronto se vio claramente que no habían ganado con el cambio. La política relativamente indulgente de los Tolomeos fue reemplazada por una fiscalización más severa, una exigencia mayor de impuestos, por interferencia en el alumbramiento de los sumos sacerdotes y más tarde por una persecución religiosa.

Antíoco III, que había subido al trono cuando el imperio seléucida estaba débil, extendió su territorio aproximadamente hasta sus límites originales. Poco después de que conquistara a Palestina tuvo que hacer frente a la oposición de Roma, que estaba alarmada por el poder creciente de Antíoco y su alianza con Filipo V de Macedonia.

En 190, en Magnesia (Asia Menor) Antíoco fue derrotado decisivamente por Roma. Perdió en forma definitiva el Asia Menor y tuvo que pagar una cuantiosa indemnización. Una consecuencia de esto fue el aumento de impuestos exigidos en Palestina. Se dice que Seleuco IV Filopátor, sucesor de Antíoco, en un intento por reunir dinero para pagar a los romanos, trató de confiscar el tesoro del templo; pero su enviado - Heliodoro - salió aterrado por una aparición sobrenatural (2 Macabeos 3:6-39).

El sucesor de Seleuco IV fue Antíoco IV Epífanes, notable como perseguidor de los judíos. Sus esfuerzos por conquistar a Egipto fueron impedidos por Roma; sus infructuosas luchas con los judíos aumentaron la debilidad interior de su imperio. Desde ese momento hay una declinación gradual, y el reino de los seléucidas fue absorbido un siglo más tarde por el Imperio Romano.

Como Roma mantenía una posición dominante que aumentaba en el Oriente en los días de Antíoco III y IV, es necesario prestar atención a esa nueva potencia occidental, antes de seguir adelante con el período de Antíoco IV Epífanes.