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7.02. Antíoco impone la helenización

Al regresar de una campaña contra Egipto, Antíoco Epífanes entró en Jerusalén donde recibió una calurosa bienvenida de los liberales. Según 1 Macabeos esto fue en 170/169 a. C.; pero hay diferencia de opinión en cuanto a la ubicación de sus campañas egipcias y aun en cuanto al método usado en 1 Macabeos para computar la era seléucida.

En algún momento entre 170 y 168 a. C. Antíoco visitó a Jerusalén, y para demostrar su aprecio por los caudillos helenizantes hizo dar muerte a muchos de los conservadores y a unos pocos que querían volver a someterse a Egipto. Hasta se le permitió que se apoderara de muchos de los tesoros del templo.

En el año 168, tal vez para evitar la vergüenza tras su humillación a manos de los romanos en Egipto, Epífanes fue a Palestina y, entrando en Jerusalén a traición, saqueó el templo, suspendió los sacrificios matutinos y vespertinos, erigió un altar idólatra delante del templo para sacrificar cerdos, quemó algunos de los edificios y destruyó partes del muro de la ciudad. Edificó una fortaleza al sur de la zona del templo, en la antigua ciudad de David, y colocó allí una guarnición.

Ordenó que los judíos dejaran de adorar a Jehová y que, en su lugar, rindieron culto a Zeus (Júpiter) Olímpico y a Dionisio; que suprimieran la circuncisión, que no respetaran el sábado, que utilizaran el cerdo para alimentarse y para ofrecer sacrificios, y que destruyeran la Torah.

Josefo añade (Antigüedades xii. 5. 5) que cuando los samaritanos vieron la ignominia de Jerusalén se presentaron ante Epífanes, repudiaron toda relación con los judíos y pidieron que se les permitiera que su santuario del monte Gerizim fuera llamado Templo de Júpiter Heleno. Esto les fue concedido, y quedaron oficialmente desligados de toda relación con los judíos.