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10.10. Octavio se convierte en el emperador Augusto

Octavio, que ahora era el amo indiscutido del mundo romano, tuvo la precaución de no tomar el título de rey, tan detestable para los romanos. Mantuvo las apariencias del gobierno republicano y gobernó reteniendo simultáneamente los cargos o las facultades de varias magistraturas.

El senado también le dio el título de Augustus ("majestuoso"), y fue conocido como el princeps (el ciudadano "primero" o "principal"). Su gobierno fue considerado como un "principado" y no como una monarquía.

Sus sucesores preservaron durante mucho tiempo esta ficción legal del principado, aunque los historiadores están en lo correcto al afirmar que la república había muerto y que Augusto fue el primer emperador romano. Aunque no lo fue de nombre, en la realidad fue un monarca, y el título imperator ("comandante" de los ejércitos), que fue el origen de su poder imperial, llegó a significar posteriormente "emperador" en un sentido monárquico.

Augusto fue un gobernante sabio y moderado que proporcionó paz y prosperidad a su vasto imperio. Durante un censo decretado por él, comenzó, en Belén, la era del Nuevo Testamento.