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19.04 - Poncio Pilato

Alrededor del año 26 d. C. Poncio Pilato ocupó el cargo de procurador. Su carácter duro e inflexible, revelado por sus métodos de gobierno, hizo  que se manifestara el espíritu de revolución que se había estado incubando entre los  judíos.

Pilato trató al principio de llevar los odiados estandartes de las legiones romanas  dentro de la ciudad de Jerusalén, a pesar del prejuicio judío. Para lograrlo, hizo que  sus soldados los entraran de noche. Cuando se supo, una numerosa delegación de  airados judíos fue a Cesarea donde, sin dejarse intimidar por las espadas desenvainadas de los soldados, se abrieron paso hasta la presencia de Pilato para protestar  por su proceder. Ante semejante reacción, le pareció prudente retirar de Jerusalén  los estandartes del ejército.

Para aumentar la provisión de agua para Jerusalén, que se necesitaba mucho, Pilato construyó un acueducto adicional. Usó fondos de la tesorería del templo para  ese fin, y cuando el pueblo reaccionó violentamente por ese desprecio por la propiedad del templo, los reprimió en forma sangrienta (Josefo, Antigüedades xviii. 3. 2). Además de esta ofensa, erigió en la ciudad escudos votivos con el nombre del emperador Tiberio. Esto provocó una nueva rebelión en la ciudad, y sólo cuando el mismo emperador ordenó que los escudos fueran retirados, se aquietó el tumulto.

Una mañana, temprano, en marzo o abril del año 31 d. C., un Hombre que había estado enseñando calmadamente las grandes verdades básicas que la religión judía  siempre había aceptado, fue presentado ante Pilato. Este Hombre, Jesús de Nazaret, era acusado de blasfemia y sedición. Sin embargo, su investigación lo convenció  de que Jesús no era sedicioso. Con la esperanza de poder eludir el fallo de este caso,  lo envió a Herodes Antipas, quien estaba en Jerusalén, pues fue en el territorio de  Herodes donde Jesús se crió y pasó la mayor parte de su ministerio. Pero Herodes  rehusó admitir que el caso era de su competencia y envió a, Jesús de nuevo a Pilato. Este tuvo miedo de la turba que clamaba que él no era amigo de César si dejaba en  libertad al preso. Por eso sentenció a muerte a Uno que, según su propia confesión, era inocente. Este proceder de los judíos con, Jesús debe haber parecido extraño a  Pilato, pues pocos años antes cuando, judas Galileo se había sublevado contra los  romanos, ellos procuraron defenderlo; y en contraste con judas, Jesús era un hombre tranquilo que no había hecho sino el bien y sólo había enseñado una vida de paz. El proceder de los dirigentes judíos al insistir en la ejecución de Jesús difícilmente  podía aumentar el respeto que les tenía el procurador.

Pilato quedó cinco años más como gobernador de Judea; pero sus años finales  fueron ensombrecidos especialmente por una matanza de un grupo de samaritanos que se habían reunido en el monte Gerizim para presenciar el descubrimiento de unos vasos sagrados que se suponía que habían sido ocultados allí por Moisés. Cuando los samaritanos informaron esa atrocidad a Vitelio -superior inmediato de Pilato en Siria- éste ordenó que Pilato respondiera de sus acciones ante Tiberio en Roma, y nombró un nuevo procurador en su lugar.