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6.05. Roma y Antíoco IV Epífanes

Después de ser derrotado por los romanos, Antíoco el Grande envió a Roma a su hijo Antíoco (más tarde llamado Epífanes) como rehén. Sin embargo, finalmente Antíoco Epífanes ocupó el trono (175) del imperio seléucida.

Mientras Roma estaba empeñada en la tercera guerra macedónica (que terminó con el reino macedónico en 168), tuvo que enfrentarse a otro intento de la casa de los seléucidas por dominar en el Cercano Oriente.

Antíoco Epífanes marchó contra Egipto. Estaba por tomar el país, cuando llegó un emisario de los victoriosos romanos con un ultimátum en el que se exigía a Antíoco que saliera de Egipto, que entonces era aliado de Roma y estaba protegido por ella. Antíoco se retiró, pues comprendió bien cuál era el poderío militar romano.

Y de esta manera, alrededor del año 168 a. C., Roma había vencido a uno de los tres reinos helenísticos sobrevivientes, tenía al segundo bajo su protectorado y había rechazado al tercero sólo con la palabra de un emisario, aunque no se anexó nada de los territorios de ellos hasta algunos años más tarde. Antíoco, frustrado, regresó de Egipto y dedicó su atención a los judíos.