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10.04. Siglo de la revolución romana

Durante el siglo de la declinación de las casas de los Tolomeos y los seléucidas, Roma no sólo extendió su territorio sino que dejó de ser república y quedó bajo el gobierno de un solo hombre.

A medida que Roma pasaba de ciudad-estado de unos 1.000 km cuadrados, hasta convertirse en una nación y después en un imperio, la asamblea popular de ciudades que se reunían en Roma para votar se fue convirtiendo virtualmente en una camarilla local.

El senado, que había comenzado como un cuerpo consultivo de los magistrados, gradualmente se transformó en la autoridad suprema; pero desafortunadamente estaba incapacitado para gobernar un imperio. La lealtad cívica cedió su lugar a las ambiciones de provecho individual.

El contacto con otras naciones había traído inmensos cambios:

El comercio con países extranjeros y el tributo que recibía de ellos habían enriquecido a Roma y habían creado nuevas normas de vida.

Los esclavos, los cautivos en las guerras, pronto sustituyeron a los trabajadores agrícolas autóctonos, y creció el desempleo.

La relación con los provincianos -particularmente con los griegos y los orientales- introdujo grandes cambios en religión, política, filosofía, arte y literatura.

Se infiltraron nuevos vicios sociales, lo que aumentó los crímenes, los sobornos y las intrigas.

El mismo tipo de desintegración que había arruinado a la casa de Israel en los días de la división del reino, contribuyó a la declinación y al colapso de la república romana y al surgimiento del absolutismo.