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10.09. Octavio, el heredero de César

Cuando murió Julio César se esperaba que Marco Antonio, entonces cónsul, pudiera reorganizar el gobierno dentro de las pautas de la antigua democracia. Pero Octavio (más tarde conocido como el emperador Augusto), un muchacho de 18 años, resobrino nieto de César y su heredero por adopción, se apareció inmediatamente en Roma para tomar posesión de su herencia.

Después de un año de luchas con Antonio, se formó un nuevo triunvirato en el 43, compuesto por Octavio, Antonio y Lépido. Después de la derrota de Casio y de Bruto -los principales conspiradores, que finalmente se suicidaron-, Octavio y Antonio se dividieron el imperio.

Octavio se quedó con Italia y el Occidente.

La parte de Antonio fue Egipto, Siria y el Oriente; pero éste olvidó sus deberes administrativos por haberse enamorado de Cleopatra VII, reina de Egipto, que quizá usó más hábilmente la astucia y las intrigas que su tía bisabuela Cleopatra Tea un siglo antes. (Ver Antíoco VII, último rey fuerte de los seléucidas).

Antonio soñaba con una monarquía divina con Cleopatra, que había hechizado a César. En el año 32 Octavio declaró la guerra a Antonio, y en el 31 obtuvo una gran victoria naval en Accio, en la costa occidental de Grecia. Antonio y Cleopatra huyeron a Egipto dejando que sus fuerzas terrestres capitularan.

Desde entonces los subordinados de Antonio, y los aliados y príncipes vasallos del Oriente, se sometieron a Octavio, quien pasó el invierno en los cuarteles antes de proseguir a Egipto en el año 30. Antonio y Cleopatra finalmente se suicidaron.

Y de esa manera Egipto, la última de las grandes monarquías helenísticas en que se dividió el imperio de Alejandro, se convirtió en una provincia romana en el año 30 a. C.