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11.02. La llegada de Pompeyo

En este momento fue cuando los romanos intervinieron en la guerra. Pompeyo se quedó en el Cercano Oriente después de haber vencido a los reyes del Ponto y de Armenia en el año 66 a. C. En el año 65 a. C. el general a quien Pompeyo envió a Siria recibió honores de los enviados de Hircano y de Aristóbulo. Probablemente por la razón práctica de que Aristóbulo estaba seguro en su refugio de Jerusalén, los romanos se pusieron de su lado y contra Hircano.

El ejército romano prosiguió su avance hacia el sur, y obligó a Aretas a que levantara el sitio contra Jerusalén y se retirara. Pero la conducta arrogante de Aristóbulo hizo que Pompeyo desconfiara de él y lo apresara. El ejército romano tomó a Jerusalén con la traicionera ayuda de los seguidores de Hircano, aunque los soldados de Aristóbulo retuvieron la colina del templo durante tres meses más. Los romanos abrieron finalmente una brecha en los muros a mediados del año 63 a. C. En la captura posterior de la zona del templo fueron muertos unos 12.000 judíos. Pompeyo y sus oficiales entraron en el lugar santísimo y contemplaron asombrados un sagrario que no tenía ninguna representación visible del Dios que allí era adorado (cf. Josefo, Guerra de los Judíos i. 7. 6).

Pompeyo terminó con el reino macabeo y arrebató un territorio considerable a Judea; permitió que Hircano continuara como sumo sacerdote y que gobernara con el título de etnarca ("gobernante del pueblo"), quizá bajo la supervisión del gobernador romano de Siria. Antípatro (o Antipater) se convirtió en su primer ministro. Aristóbulo y sus hijos fueron enviados a Roma como prisioneros; sin embargo, escaparon, y en tres ocasiones se sublevaron contra los romanos; pero en las tres oportunidades fueron derrotados desastrosamente.

Gabinio, procónsul romano de Siria, se enfureció y dividió a Judea en cinco distritos, cada uno gobernado por un concilio de ancianos. Debido a esta disposición, Hircano cada vez tuvo menos responsabilidad administrativa, mientras que Antípatro adquiría más y más autoridad convirtiéndose en el virtual gobernante. En el año 54 a. C., Craso, el triunviro y sucesor de Gabinio como procónsul de Siria, con el pretexto de conseguir dinero para una campaña contra los partos, saqueó el tesoro del templo, por lo que los judíos se sublevaron en el año 53.

En el año 48 -cuando Pompeyo fue muerto en Egipto después de su derrota ante Julio César en la batalla de Farsalia- Antípatro se cambió de bando convirtiéndose en un poderoso y eficiente aliado de Julio César; y éste, a su vez, concedió favores a los judíos.

En el año 47 se le dio plena autoridad a Hircano, con los títulos de etnarca y sumo sacerdote, cargos que fueron convertidos en hereditarios para los judíos. Sin embargo, Antípatro todavía era quien tenía el poder y hacía notar esto a los judíos, para gran disgusto de la nobleza. Antípatro nombró a su hijo Fasaelo gobernador de Jerusalén y sus alrededores, y como gobernador de Galilea a un hijo suyo más joven, a Herodes, conocido más tarde como Herodes el Grande.

Después de que Julio César fue asesinado en el año 44, Casio, uno de los conspiradores contra César, consiguió el mando en la zona del Oriente mediterráneo y recibió el cordial apoyo de Antípatro y Herodes. Casio, como retribución, convirtió a Herodes en gobernador de Celesiria. Poco después Antípatro fue envenenado en Jerusalén.

En el año 42 a. C., después de la derrota de Bruto y de Casio, Antonio asumió el control de los intereses romanos en el Oriente. Como Antonio había sido antes amigo de Antípatro, rechazó las súplicas de los judíos de que eliminara a la casa herodiana, y retuvo a Herodes y a su hermano Fasaelo como etnarcas de Palestina. Se permitió que Hircano permaneciera, pero sólo como sumo sacerdote. Herodes robusteció su posición ante los judíos desposándose con Mariamna, una nieta de Hircano II.