19.13 Floro 

Gesio Floro reemplazó a Albino, y difícilmente podría haberse hecho un nombramiento peor.  

Floro cometió todas las necedades, inconsideraciones, violencias y maldades que su predecesor había hecho, y las hizo descarada y manifiestamente como si hubieran sido justas.  Josefo dice: "Gesio Floro hizo que él [Albino] pareciera en comparación de él un modelo de virtudes" (Guerra ii. 14.2 [277]). 

Floro llegó a Palestina en 64 d. C.  Ahora no se podía evitar que estallara la guerra.  Repetidas veces bandas de judíos habían robado armas de los depósitos romanos, de modo que algunos de los guerrilleros judíos estaban bien equipados para la guerra.  

Cuando Cestio Galo, gobernador de Siria, llegó a Jerusalén en la pascua del año 65 d. C., en una recorrida por sus provincias lo esperaba una multitud de peticionantes que clamaban por justicia.  Galo prometió que amonestaría a Floro, su subordinado; pero cuando lo hizo, Floro se justificó y echó la culpa a los judíos por las dificultades.  Por supuesto, el registro de las insubordinaciones pasadas de los judío dio validez a los argumentos de Floro.

Entre tanto parece que Floro esperaba que hubiera una guerra con los judíos a fin de ocultar su propia conducta vergonzosa.  Repetidas veces, y sin duda a propósito, parece que provocaba la rebelión, y no demoró la guerra.  Josefo dice que esta  rebelión contra los romanos comenzó por un acontecimiento que ocurrió en la primera parte del año 66 d. C. (Guerra ii. 14. 4 [284-288]).


Floro aceptó soborno de los   judíos para permitirles que se vengaran de unos griegos que habían profanado una   sinagoga en Cesarea, sin temor a ser castigados.  Cuando esto estaba a punto de   provocar una crisis, él pidió a la tesorería del templo 17 talentos (unos 580 kg) de   plata, con la excusa de que eran para "los gastos de César". Esto enardeció al pueblo, e irónicamente unos pocos comenzaron a hacer una colecta de dinero para los "indigentes".  

Floro aprovechó esa mofa como pretexto para atacar a los judíos.   Al día   siguiente sus soldados mataron en Jerusalén a todos los que encontraron en el mercado, irrumpieron en los hogares, y saquearon y mataron a hombres, mujeres y   niños.
 
Floro se extralimitó más que cualquier gobernador anterior, y aun crucificó, sin juicio previo, a judíos que habían recibido la jerarquía de caballeros romanos.  Josefo dice que en esta ocasión fueron muertos 3.600 hombres, mujeres y niños.  Berenice, la hermana de Herodes Agripa, fue testigo de la matanza y procuró contener a Floro; pero fueron vanos sus esfuerzos para evitar más derramamiento de sangre.
 
Al día siguiente de la matanza más judíos perdieron la vida cuando, con el pretexto de otra provocación, Floro ordenó que dos cohortes de soldados acometieran a una multitud que se había reunido para encontrarse con los romanos en paz. 

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