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19.05 - Marcelo

En el tiempo de Marcelo, el siguiente procurador, hubo una amenaza de una grave rebelión en el año 38 d. C., cuando Calígula, en su infatuación, declaró que era dios y ordenó que se erigieran estatuas suyas en los templos, tanto en Roma como en las provincias.

En Alejandría, donde quizá un tercio de la población era judía, la situación fue gravísima pues había existido allí un templo judío desde los días cuando gran número de judíos huyeron de Palestina para evitar la persecución de Antíoco Epífanes, en torno al año 170 a. C.

Durante el reinado de Calígula, las luchas entre griegos y judíos en dicha ciudad dieron por resultado muchas víctimas. La turba destruyó muchas sinagogas y erigió estatuas del emperador en otras. Calígula, enfurecido porque los judíos se negaban a aceptar estatua alguna, decidió erigir por la fuerza una estatua suya en el templo de Jerusalén. Los judíos organizaron en defensa propia una gran delegación cuyo portavoz era Filón, el famoso filósofo judío de Alejandría, y llegaron a Roma. Aunque consiguieron una audiencia con Calígula, el emperador rehusó darles concesión alguna.

Cuando los judíos de Jerusalén conocieron el decreto de Calígula, se prepararon para lo peor. Se provocaron disturbios, y la situación habría sido casi con seguridad caótica si la muerte del demente Calígula, en el 41 d. C., no hubiera resuelto el problema. Claudio, su sucesor, canceló el odiado decreto.

19.04 - Poncio Pilato

Alrededor del año 26 d. C. Poncio Pilato ocupó el cargo de procurador. Su carácter duro e inflexible, revelado por sus métodos de gobierno, hizo  que se manifestara el espíritu de revolución que se había estado incubando entre los  judíos.

Pilato trató al principio de llevar los odiados estandartes de las legiones romanas  dentro de la ciudad de Jerusalén, a pesar del prejuicio judío. Para lograrlo, hizo que  sus soldados los entraran de noche. Cuando se supo, una numerosa delegación de  airados judíos fue a Cesarea donde, sin dejarse intimidar por las espadas desenvainadas de los soldados, se abrieron paso hasta la presencia de Pilato para protestar  por su proceder. Ante semejante reacción, le pareció prudente retirar de Jerusalén  los estandartes del ejército.

Para aumentar la provisión de agua para Jerusalén, que se necesitaba mucho, Pilato construyó un acueducto adicional. Usó fondos de la tesorería del templo para  ese fin, y cuando el pueblo reaccionó violentamente por ese desprecio por la propiedad del templo, los reprimió en forma sangrienta (Josefo, Antigüedades xviii. 3. 2). Además de esta ofensa, erigió en la ciudad escudos votivos con el nombre del emperador Tiberio. Esto provocó una nueva rebelión en la ciudad, y sólo cuando el mismo emperador ordenó que los escudos fueran retirados, se aquietó el tumulto.

Una mañana, temprano, en marzo o abril del año 31 d. C., un Hombre que había estado enseñando calmadamente las grandes verdades básicas que la religión judía  siempre había aceptado, fue presentado ante Pilato. Este Hombre, Jesús de Nazaret, era acusado de blasfemia y sedición. Sin embargo, su investigación lo convenció  de que Jesús no era sedicioso. Con la esperanza de poder eludir el fallo de este caso,  lo envió a Herodes Antipas, quien estaba en Jerusalén, pues fue en el territorio de  Herodes donde Jesús se crió y pasó la mayor parte de su ministerio. Pero Herodes  rehusó admitir que el caso era de su competencia y envió a, Jesús de nuevo a Pilato. Este tuvo miedo de la turba que clamaba que él no era amigo de César si dejaba en  libertad al preso. Por eso sentenció a muerte a Uno que, según su propia confesión, era inocente. Este proceder de los judíos con, Jesús debe haber parecido extraño a  Pilato, pues pocos años antes cuando, judas Galileo se había sublevado contra los  romanos, ellos procuraron defenderlo; y en contraste con judas, Jesús era un hombre tranquilo que no había hecho sino el bien y sólo había enseñado una vida de paz. El proceder de los dirigentes judíos al insistir en la ejecución de Jesús difícilmente  podía aumentar el respeto que les tenía el procurador.

Pilato quedó cinco años más como gobernador de Judea; pero sus años finales  fueron ensombrecidos especialmente por una matanza de un grupo de samaritanos que se habían reunido en el monte Gerizim para presenciar el descubrimiento de unos vasos sagrados que se suponía que habían sido ocultados allí por Moisés. Cuando los samaritanos informaron esa atrocidad a Vitelio -superior inmediato de Pilato en Siria- éste ordenó que Pilato respondiera de sus acciones ante Tiberio en Roma, y nombró un nuevo procurador en su lugar.

19.03 - El sanedrín


Era un organismo característicamente judío y no una parte integral de la administración del gobierno romano; sin embargo el sanedrín ejercía cierta influencia en los asuntos civiles y políticos así como en los estrictamente religiosos. Estaba compuesto por 71 hombres de la más alta reputación e influencia, y era el principal organismo gubernamental para el pueblo judío. Aunque su jurisdicción se restringía a Judea, los efectos de sus opiniones y decisiones se hacían sentir entre los judíos por todo el inundo; pero, al mismo tiempo, no interfería con la jurisdicción local, que estaba en manos de 11 corporaciones regionales de ancianos en toda Judea. Más bien se reservaba los asuntos de alcance y significado nacional. Promulgaba ordenanzas y las hacía poner en vigor, para lo cual disponía de un cuerpo de policía (Mateo 26:47; Juan 7:32).

Sin embargo, debido a que los romanos ejercían el gobierno supremo, la función del sanedrín era principalmente religiosa. Por eso se ocupaba de los falsos profetas como se supuso que era Jesús y con sectas presuntuosas que debían ser suprimidas para que no perturbarais al pueblo. Debido a este sistema, antes de su conversión Pablo perseguía a los cristianos (Hechos 9:1-2). Años más tarde él mismo apenas logró escapar de una persecución similar (Hechos 24:6-9).

El sanedrín también trataba puntos de doctrina y determinaba las características que debía tener el sumo sacerdote y supervisaba su nombramiento, aunque en el caso de ese importante cargo tanto los Herodes como los procuradores romanos vez tras vez impusieron su autoridad. El sanedrín no tenía autoridad sobre los romanos excepto en algún caso de profanación del templo, cuando los judíos aun podían ejecutar a un romano (Josefo, Guerra vi. 2. 4). En 1871 se descubrió una inscripción que una vez fue colocada en el templo, en el muro que separaba el atrio de los gentiles del de los israelitas, y dice así: "No entre ningún extranjero dentro de la barrera y del muro circundante que rodea el templo. Cualquiera que sea aprehendido [dentro] será responsable de su propia muerte, que le sobrevendrá". Otra inscripción idéntica se encontró unos tres cuartos de siglo más tarde.

El sumo sacerdote presidía el sanedrín (Mateo 26:57), pero el procurador podía convocarlo para que sesionara; sin embargo, sólo en los casos de sentencia de muerte las decisiones del sanedrín debían someterse a la aprobación del procurador.

Después de la sublevación causada por los impuestos exigidos por Coponio, Palestina quedó relativamente tranquila durante muchos años. Sin embargo, al mismo  tiempo el legalismo y el aislamiento de los fariseos, el fervor de los zelotes - que  lentamente crecían en número e influencia - y el celo religioso de la mayoría de la  población, fomentaron un espíritu de descontento. Durante esos años fue que Jesús  tranquila y reflexivamente alcanzaba la madurez en Nazaret.

19.02 - Los impuestos

Con el nombramiento de los procuradores se estableció el sistema romano de impuestos. Eso hacía necesario un censo para clasificar a la población. Ya se había hecho un empadronamiento en el tiempo del nacimiento de Jesús; pero no se sabe si fue acompañado por un impuesto (Lucas 2: l).

Cuando el primer procurador, Coponio, ocupó su cargo en Judea en reemplazo de Arquelao, se cobró un impuesto. Estos impuestos eran de dos clases: por cabeza (tributum capitis) y un impuesto a la tierra (tributum agri). Ambos resultaban muy ofensivos para los judíos. El impuesto por cabeza era una evidencia de esclavitud (Josefo, Antigüedades xviii. 1.1); el impuesto a la tierra era una ofensa para Jehová, el verdadero propietario de la tierra y el dispensador de las bendiciones del agro.

Aunque este impuesto produjo una gran resistencia entre los judíos, el sumo sacerdote Joazar persuadió a muchos para que lo pagaran pacíficamente. Sin embargo, al mismo tiempo un caudillo extremista, Judas Galileo, causó la rebelión de un gran número de personas. Quirinio, el gobernador romano de Siria, sofocó severamente este levantamiento (Josefo, Antigüedades xviii. 1.1). Este movimiento presidido por Judas quizá haya marcado el comienzo de los zelotes. Gamaliel se refirió a este levantamiento cuando aconsejó al sanedrín que no ejerciera ninguna acción drástica contra los cristianos (Hechos 5:38-39).

De aquí en adelante los romanos no hicieron ningún otro intento de cobrar un impuesto directo a los judíos. Más bien -mediante una licitación- entregaron los impuestos a contratistas, los publicanos (publicani) del Nuevo Testamento. Estos eran odiados y se los rehuía todo lo posible (Mat. 11: 19; 21: 31). Leví Mateo pertenecía a esa clase despreciada. El hecho de que Jesús lo aceptara entre los suyos (Mat. 9: 9-13) era algo asombroso para los judíos patriotas.

19.01 - Los procuradores

Cuando Arquelao fue depuesto, sus territorios fueron anexados a la provincia romana de Siria.  Siendo parte de una provincia imperial, Judea fue gobernada por un procurador, representante del emperador, y no por un procónsul que era responsable ante el senado, como sucedía en muchas de las otras provincias.

La sede de los procuradores romanos de Judea estaba en Cesarea. Allí disponían de un pequeño ejército compuesto mayormente de tropas provinciales. Aunque el salario del procurador era pagado por el tesoro imperial, también tenía ciertas oportunidades para aumentar sus bienes con el ejercicio de su cargo. Una de éstas radicaba en su autoridad suprema en asuntos judiciales, aun de vida o muerte, excepto en el caso de aquellos que podían probar que eran ciudadanos romanos.

Había dos limitaciones principales a la autoridad del procurador. Por un lado, tenía que responder ante el emperador y también, localmente, ante el legado de Siria; y por otro lado -menos formalmente-, ante el sanedrín judío, que siempre vigilaba para que no se excediera en su autoridad. Sin embargo, al mismo tiempo y debido a las complicaciones políticas del cargo, el sumo sacerdocio sólo podía ser ocupado con el consentimiento del procurador.

No importa cuán cuidadosos fueran los procuradores en el ejercicio de su mandato -y no siempre fueron cautelosos-, no podían satisfacer al pueblo judío. Se ha afirmado correctamente que la llegada de los procuradores romanos a Judea señaló el comienzo del fin de la nación judía porque los judíos repudiaban el gobierno extranjero.

18.04. Tiberio y los judíos

Tanto Felipe como Antipas disfrutaban de la amistad de Tiberio -emperador romano, 14-37 d.C.- ; pero los judíos sentían que no compartían esos favores y culpaban a Sejano, un pérfido consejero de Tiberio, de la dificultad en sus relaciones con el emperador.

En el año 19 d. C., debido a un desfalco en que estuvieron implicados ciertos judíos romanos, Tiberio desterró a todos los judíos de la capital. No se puede saber si ese edicto se cumplió rigurosamente. Sin embargo, por ese mismo tiempo -indudablemente con la aprobación del emperador- el senado enroló a 4.000 de los judíos más jóvenes de Roma para que combatieran a bandoleros en la isla de Cerdeña.

Esto fue realmente un problema para ellos, pues hasta ese tiempo los judíos habían estado exceptuados de servir en el ejército de Roma, y algunos de esos jóvenes reclutas sufrieron porque se negaron a servir (Josefo, Antigüedades xviii. 3. 5; Tácito, Anales ii. 85).

18.03. Sucesores de Herodes - Felipe

Este tercer hijo de Herodes, que heredó parte del poder, era muy diferente de sus hermanos. Durante su administración, que duró 37 años, siempre escuchó cualquier reclamo de justicia. Al viajar por sus territorios siempre estaba listo para atender cualquier caso que se le presentara. Sus dominios eran grandes en comparación con los de sus hermanos, pero económicamente, inferiores. Debido a la población mixta de esos territorios, hubo repetidos levantamientos; pero nunca en el tiempo de Felipe. Su reinado fue de paz tanto internamente como en sus relaciones exteriores. Su casamiento con Salomé, hija de Herodías, facilitó las relaciones amistosas con Antipas en Galilea y Perea durante los años finales de su reinado.

Aunque tenía sangre judía por parte de su madre -Cleopatra de Jerusalén- como los otros hijos de Herodes el Grande, Felipe fue pagano de corazón. Fue el primer gobernante judío que acuñó monedas con imágenes humanas. Esas tendencias propensas a la helenización no fueron, por supuesto, una molestia para su pueblo que era mayormente pagano.

La capital de Felipe estaba en Paneas, el antiguo santuario del dios Pan, cerca de una de las fuentes del río Jordán. El reedificó y embelleció la ciudad, y la denominó Cesarea en homenaje al emperador. Para distinguirla de otros lugares del mismo nombre en el Mediterráneo, esta ciudad era conocida con frecuencia como Cesarea de Filipo (Mateo 16: 13; Marcos 8: 27). Felipe también reedificó a Betsaida en la orilla noroeste del mar de Galilea, y la denominó Julia en honor a la hija de Augusto.

18.02. Sucesores de Herodes - Herodes Antipas

Herodes Antipas desempeñó bastante bien el gobierno de Galilea y de Perea. Aunque derrochaba en los gastos, su habilidad lo capacitó para mantener la paz en Galilea y para evitar los reproches de Augusto, quien conocía sus tendencias traidoras. Jesús describió correctamente su carácter llamándolo "aquella zorra" (Lucas 13: 32).

Cuando Tiberio ascendió al trono imperial en el año 14 d. C., Antipas fue favorecido; y en homenaje al emperador edificó una ciudad en la orilla occidental del mar de Galilea y la llamó Tiberíades, y también le dio ese nombre a todo el lago.

Antipas llevó a cabo otro gran programa de edificación por todo el territorio de su tetrarquía. Todos sus esfuerzos se inclinaron a la helenización, y su fingido judaísmo no era más que una farsa.

Antipas se casó con una hija de Aretas (2 Corintios 11: 32), del linaje de los gobernantes nabateos que habían luchado contra los romanos en la guerra de 64-63 a. C. (Ver "El origen de los Herodes" y "La llegada de Pompeyo").

Cuando Antipas estuvo de visita en Roma, renovó su trato con Herodías, que era tanto su sobrina como su cuñada. Herodías, hija de Aristóbulo -medio hermano de Antipas- se había casado con otro de sus medios hermanos (y tío de ella), un insignificante hijo de Herodes el Grande llamado Herodes Felipe. Antipas se enamoró completamente de ella, y Herodías de buen grado consintió en abandonar su domicilio en Roma a cambio de un palacio en Galilea. Él entonces abandonó a la hija de Aretas y tomó a Herodías, despojando así a su medio hermano.

Este hecho vergonzoso fue condenado por Juan el Bautista, condenación que le causó primero su encarcelamiento (Lucas 3: 19-20), y después su muerte, cuando Antipas lo ordenó para satisfacer el pedido de Herodías y su hija Salomé durante un banquete lleno de voluptuosidad, celebrado quizá en la fortaleza de Machaeras (Mateo 14: 3-12; Josefo, Antigüedades xviii. 5. 2).

Antipas creía supersticiosamente que Jesús podría ser Juan el Bautista que había resucitado (Mateo 14: 1-2) y parece que por lo menos una vez procuró matarlo (Lucas 13: 31). Sin embargo, cuando Jesús fue juzgado, se negó a dictar la sentencia que pedían los judíos, sentencia que también Pilato abrigaba la esperanza de evitar (Lucas 23: 4-25).

Pasaron casi diez años antes de que Aretas -ex suegro de Antipas- pudiera vengarse del divorcio de su hija. En el año 36 d. C. unas disputas fronterizas entre estos dos reyes causó una guerra, y Aretas infligió una seria derrota a las tropas de Antipas. Entonces éste ordenó al comandante romano Vitelio que vengara esa derrota; pero antes de que Vitelio pudiera hacerlo murió el emperador Tiberio, y frente a esa situación el general romano rehusó participar en dicha guerra.

Antipas se vio complicado en cambios dinásticos que apresuraron su caída. El nuevo emperador, Calígula, era íntimo amigo de Herodes Agripa I, hijo de Aristóbulo y hermano de Herodías. Por lo tanto, tan pronto como Calígula subió al poder dio a Agripa los territorios del noreste que habían sido gobernados por su tío Felipe y también le dio el título de rey. Los celos de Herodías se despertaron por esta distinción concedida a su hermano, e insistió que Antipas fuera a Roma y pidiera para él ese título.

Antipas, en contra de lo que le dictaba la razón, viajó el año 39 d. C.; pero entre tanto Agripa informaba a Calígula que Antipas había transgredido los reglamentos imperiales al acumular una gran cantidad de armamentos. Cuando Antipas llegó a Roma, el emperador lo obligó a que reconociera la verdad de esa acusación, y fue inmediatamente desterrado junto con su esposa a Lyon, en las Galias. Calígula añadió entonces los territorios de Galilea y Perea a los dominios de Herodes Agripa l.

18.01. Sucesores de Herodes - Arquelao

Arquelao convocó al pueblo de Jerusalén cuando murió su padre. Sentado en lo alto de un trono de oro en el recinto del templo, se dirigió al pueblo con bellas palabras y promesas. La gente reaccionó presentando muchos pedidos, demandando la libertad de los presos, el perdón de los castigos de los que estaban acusados de delitos políticos, y la reducción de los impuestos. Era el tiempo de la pascua, y la ciudad estaba llena.

Como temía que estallara una rebelión, una compañía de soldados entró en el atrio del templo para mantener el orden; los soldados encontraron resistencia, y cuando llego un destacamento mayor se produjo una lucha en la cual murieron más de tres mil judíos. Entonces Sabino, administrador de Siria, aprovecho la presencia de los soldados romanos, e hizo que lo protegieran mientras robaba el tesoro.

Esto provocó una revuelta por toda Galilea y Judea. Por supuesto, esos levantamientos contra los romanos estaban condenados al fracaso. Varo, gobernador de Siria, llegó a Palestina con fuerzas suficientes, sofocó la revolución y crucificó a los dos mil de los infortunados judíos rebeldes.

Entre tanto Arquelao, Antipas y Felipe se habían marchado de Palestina para hacer efectivas sus ambiciones al territorio de su padre. Al mismo tiempo apareció también en Roma una delegación de judíos para rogarle a Augusto que los pusiera directamente bajo un gobernador romano y no bajo los hijos de Herodes. Pero Augusto aprobó las cláusulas del testamento de Herodes, con la excepción de que rehusó que Arquelao tuviera un título superior a la del etnarca. De esa manera los hijos de Herodes se posesionaron de la administración del reino de su padre.

Arquelao heredó el carácter de su padre, pero no su capacidad. El pueblo se quejaba, con razón, de que su reinado era bárbaro y tiránico, y en 6 d. C; Augusto lo desterró a Vienne, en las Galias. Judea y Samaria fueron anexadas a Siria y quedaron bajo el gobierno de un procurador romano, que era responsable ante el emperador através del gobernador de Siria.

Este arreglo continuó hasta que Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande y de su esposa asmonea Mariamna, llegó a ser rey de Judea en 41 d. C. por orden del emperador Calígula.